lunes, 9 de mayo de 2022

Un deseo inconciente de morir


El siguiente caso resulta llamativo del punto de vista de la presencia de un deseo inconciente de morir y de la experiencia de desperzonalización que puede producirse ocasionalmente en relación con las crisis de angustia, además de plantear un nuevo vínculo entre estas crisis y el deseo de muerte. Si bien la joven de la que se trata confesaba el deseo de dormir profundamente, rechazaba la idea de que pudiera tener también un deseo de morir, o que ese deseo de dormir pudiera conectarse de algún modo con querer morir.

Reportaba haber vivido una crisis de pánico con una 'disociación', diciendo que luego de experimentar los signos de angustia, como la taquicardia y la sensación de ahogo, había tomado una micro desde donde vivía en uno de los cerros de Valparaíso y había ido a la playa Las Torpederas donde se encontraba al momento del llamado. Si bien recordaba por completo el detalle del recorrido, lo había vivido ‘como en tercera persona’, sin identificarse como la protagonista de su experiencia ni la agente de su conducta, si no como una observadora ajena y exterior de lo que sucedía, perdiendo de alguna manera la sensación del control voluntario de la motricidad. 

No sabía explicar bien por qué había ido justamente a la playa de Las Torpederas, donde había recuperado el estado de conciencia normal. Este lugar no parecía tener ningún rol significativo dentro de su biografía ni ningún valor simbólico subjetivamente especial, por lo que podía atribuirse aparentemente a algo indeterminado o fortuito, siendo intrascendente por lo tanto para la comprensión y la intervención. Sin embargo el detalle del destino concreto que tuvo esta conducta pudo dar una pista del sentido que ésta tenía, dando la clave para la interpretación hipotética de lo que ocurría.

Se había acercado al sector de un roquerío ubicado en el límite sur de la playa. Allí se encuentran los restos de una gran formación rocosa, la que fuera dinamitada en los años 70, conocida como 'Piedra Feliz', nombre que igualmente recogen algunos locales nocturnos del puerto. El nombre alude cómicamente a que, por su altura y ubicación como un precipicio hacia el mar, había sido utilizada durante años para un sinnúmero de suicidios, lo que motivó tanto su denominación como su desaparición. Antaño este peñón tenía una escalera de piedra tallada sobre la roca, la que permitía alcanzar fácilmente su cima. Según dicen los poetas, las algas que se amontonaban bajo ella al llegar al mar, invitaban como los brazos de un gran pulpo a lanzarse hacia ellos.

Parece tener algo especial el morir en el mar como elección del método. Es que la vida misma originalmente se habría producido en esa gran masa líquida, tras lo cual los millones de años de evolución llevaron hasta nuestra especie. En ese sentido la muerte en el mar aparece como un retorno al origen y el cierre del largo ciclo de la vida. Como se sabe son comunes los ritos funerarios acuáticos y suele ser un destino corriente luego de las cremaciones, así como también el embrión encuentra ese mismo medio en el útero.

El agua parece acentuar además lo que naturalmente se produce con la muerte: materialmente la vida es disuelta en el gran soluto de la Sustancia Universal y las partículas que un día conformaban al organismo se redistribuyen en la configuración de otras realidades animadas o inanimadas.


2. Volviendo a la playa de Las Torpederas, habría sido el deseo de morir el que parece por lo tanto haber tomado el control de la conducta, orientando el traslado de la joven desde el cerro San Roque hacia la Piedra Feliz. Este deseo no aparecía como conciente, de hecho siendo denegado por la persona al referírselo. Sin embargo, había estado presente como antecedente biográfico y en la actualidad sí se encontraba presente en la conciencia el deseo de dormir largo tiempo sin despertar, al que parece común poder asimilar en una gradiente de desarrollo o en una cadena asociativa con el deseo de morir.

Ese rol del deseo de morir en cuanto a la orientación de la conducta parece coincidente con que el recorrido hacia Las Torpederas haya sido experimentado en la tercera persona de la despersonalización. Es que ésta consiste en una alteración de la conciencia y, como vimos en este caso, la conciencia se encontraba ajena a ese propósito de morir. Es decir que con la despersonalización la conciencia mantiene igualmente una distancia hacia el desarrollo conductual del deseo de morir, aún cuando este deseo se ha abierto el paso hacia la ejecución motriz mediante la acción muscular.

Tal vez bajo ese mismo prisma pueda entenderse el antecedente del desarrollo de angustia, el cual precedió en este caso al episodio de despersonalización. Puede ser que la evitación de esa misma angustia haya sido la que mantenía a distancia de la conciencia el deseo de morir, o se relacione de algún modo con este motivo, y la angustia emergiera ante el despertar de ese deseo por alguna circunstancia no esclarecida, propiciando dinámicamente de algún modo el mecanismo de la despersonalización a continuación.

Si bien la despersonalización en ese sentido, según suele decirse, parece encontrarse al servicio de mantener una distancia ‘defensiva’ de la conciencia respecto de la experiencia del deseo de morir y la conducta suicida, la conciencia también parece desligarse con ella de su rol corriente como intermediaria entre el deseo y la ejecución motriz, quedando por así decir fuera del espacio de decisión sobre el yo propio y del vínculo íntimo entre éste y el control de la motilidad, dando lugar por lo tanto justamente al cumplimiento de ese deseo.


3.Hace largo tiempo había observado que las crisis de pánico guardan una relación íntima con la muerte y que, muchas veces, lo que aparece como el temor de morir durante ellas, parece reflejar al mismo tiempo el deseo de hacerlo, el que se encuentra ya sea de manera concomitante o subyaciendo al testimonio de la persona. Aparentemente en este caso, de algún modo relacionado con la despersonalización, ese deseo aparece materialmente en la realidad efectiva como conducta de muerte, si bien interrumpida antes de su fin.

Resultaría difícil precisar si bajo ciertas condiciones puede llegar a cumplirse el suicidio consumado en el estado de despersonalización, por la dificultad que parece presentar en ese caso la autopsia psicológica, así como podría debatirse sobre si la conducta de aproximación hacia la Piedra Feliz realmente hubiera podido tener ese desenlace, del que se vio desviada tal vez por alguna circunstancia accidental, o bien parecía destinada a esa misma interrupción de su curso, lo que dificulta también su clasificación como un intento de suicidio propiamente dicho.

Aquí cabe observar que como dijimos la piedra se halla dinamitada en la actualidad, por lo que ya no cumple con las características que la volvían propicia para la caída al mar desde la altura. En este sentido parece poder hablarse únicamente de una especie de 'realización simbólica' del deseo de morir, en donde el suicidio es aludido solamente o 'representado' de alguna manera mediante símbolos, en este caso a través de la conducta de acercamiento a la Piedra Feliz, sin que esa conducta constituya realmente un intento de suicidio abortado antes de su término, si no más bien un intento ‘simbólico’ por así decir.

También podemos agregar por último que igualmente es posible observar una elección del método aún en la ideación inconciente de morir, ya sea como realización simbólica o como intento abortado, la que no aparece por lo tanto necesariamente como algo indeterminado en ese sentido, sino en particular en este caso, como idea de arrojarse al mar, donde se combinan la caída de altura y la asfixia.

Un deseo inconciente de morir

El siguiente caso resulta llamativo del punto de vista de la presencia de un deseo inconciente de morir y de la experiencia de d...